La Simbiosis

Simbiosis:


Según explica Wikipedia, el término simbiosis proviene de las palabras griegas σύν = syn (con) y βίωσις = biosis (vivir). Este término hace referencia a la relación estrecha y persistente entre organismos de distintas especies. A los organismos involucrados se les denomina simbiontes.

Este término fue acuñado por el botánico alemán Anton de Bary en 1873 (o 1879, según algunos) para describir la estrecha relación de organismos de diferente tipo. Concretamente la definió como “la vida en conjunción de dos organismos disimilares, normalmente en íntima asociación, y por lo general con efectos benéficos para al menos uno de ellos”. La definición de simbiosis se encuentra sometida a debate, y el término ha sido aplicado a un amplio rango de interacciones biológicas.

Las relaciones simbióticas podrían ser categorizadas como mutualistas, comensales o parasitarias en la naturaleza. Algunas relaciones simbióticas son obligadas, lo que significa que ambos simbiontes dependen por completo uno del otro para sobrevivir. Las relaciones simbióticas incluyen aquellas asociaciones en las cuales un organismo vive sobre otro (ectosimbiosis) o cuando un organismo vive dentro del otro (endosimbiosis). Las relaciones simbióticas pueden ser obligadas, necesarias para la supervivencia de al menos uno de los organismos involucrados, o facultativas, cuando la relación es benéfica pero no esencial para la supervivencia de los organismos.

Interacción física:
La endosimbiosis es una relación simbiótica en la cual uno de los simbiontes vive entre los tejidos del otro, en el espacio intracelular o extracelular.
La ectosimbiosis, también conocida como exosimbiosis, es una relación simbiótica en la cual el simbionte vive en la superficie del anfitrión, incluyendo la superficie interior del tracto digestivo o los ductos de las glándulas exocrinas.

Mutualismo:
El término “mutualismo” describe a cualquier relación entre individuos de diferentes especies en la que ambos obtienen un beneficio. Generalmente, únicamente las interacciones de por vida que conllevan contacto bioquímico pueden considerarse propiamente simbióticas. Las relaciones mutualistas pueden ser obligatorias para ambas especies, obligatorias para una pero facultativa para la otra o facultativa para ambas. Muchos biólogos restringen la definición de simbiosis para relaciones mutualistas cercanas. Los arrecifes coralinos son el resultado de mutualismos entre los corales y varios tipos de algas que viven dentro de ellos. Un ejemplo de simbiosis mutua es la relación que existe entre los géneros Amphiprion o Premnas, que viven entre los tentáculos de las anémonas. Los peces protegen la anémona de depredadores, la alimenta y la oxigena y a su vez la anémona, mediante sus tentáculos con nematocistos urticantes, protege a los peces de sus depredadores. Una mucosidad que los peces segregan por su piel los protege de estos tentáculos urticantes.


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Otro ejemplo es el pez gobio, el cual a veces vive junto a un camarón pistola. El camarón pistola excava, construye y limpia la guarida en la arena en la que ambos vivirán juntos. El camarón es casi ciego, lo que lo hace vulnerable a los depredadores. El camarón siempre se mantiene cerca y en contacto con el gobio, tocándolo con sus antenas. El gobio, que tiene mejor vista, alerta del peligro al camarón mediante un característico movimiento de su cola y ambos entran rápidamente a la seguridad de su guarida.


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Parasitismo:
Una relación parasitaria es aquella en la que un miembro de la asociación se beneficia mientras que el otro es perjudicado. Las simbiosis parasitarias toman muchas formas, desde los endoparásitos que viven dentro del cuerpo del anfitrión, a los ectoparásitos que viven sobre su superficie. Además, los parásitos pueden ser necrotrópicos, lo que quiere decir que matan al anfitrión, o biotrópicos, que significa dependen de la supervivencia del anfitrión. El parasitismo biotrópico es una exitosa forma de vida. Dependiendo de la definición que usemos, más de la mitad de los organismos conocidos pasan por una fase parasitaria en sus ciclos de vida, y también es muy frecuente en las plantas y hongos. Además, casi todos los organismos de vida independiente son anfitriones de una o más clases de parásitos.

En el mundo animal siempre va a haber competencia por la comida y por el territorio. Para prevenir la competencia con otras especies, para un animal es conveniente hallar un nicho específico en su medio ambiente. Otro medio para prevenir la competencia con otras especies es formar una relación estable con otra especie, que les permita a ambas compartir armoniosamente el mismo territorio y la comida.

A menudo un pez puede involucrarse en dos relaciones simbióticas al mismo tiempo; por un lado sufre de parasitismo, y por el otro lado el beneficio mutuo de la limpieza. Usando este ejemplo, el dicho “la basura de un hombre es el tesoro de otro”, podría cambiarse a “los parásitos de una creatura son el alimento de otra”.
La simbiosis siempre es “inter específica”; esto es que solamente ocurre entre especies diferentes. Las relaciones intra específicas (relaciones entre una misma especie) no pueden ser descritas como simbióticas.

Comensalismo:
Empezaremos dándole un vistazo a las relaciones comensalistas puesto que hay algunos ejemplos muy interesantes en esta forma de simbiosis.
El comensalismo generalmente ocurre entre una especie que es vulnerable a la depredación o posee locomoción deficiente, y otra especie con un sistema de defensa relativamente efectivo. Por ejemplo, cierta especie de gobio vive entre las espinas tóxicas de los erizos de mar, como Astropyga radiata, y así obtiene protección de su anfitrión. Una relación similar ocurre entre el pez Man of war y la anémona del mismo nombre. En ambos casos el pez se beneficia, mientras que su anfitrión ni se beneficia ni sale perjudicado.

Los cangrejos y los camarones a menudo forman relaciones simbiontes con las anémonas, para protegerse de sus depredadores. Por ejemplo, el cangrejo Neopetrolisthes ohshimai (el cangrejo de porcelana), que vive y captura su comida entre los tentáculos de anémonas gigantes.


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Los camarones imperiales, Periclimenes imperator “viajan de aventón” sobre pepinos de mar. Los camarones son transportados a través de grandes áreas donde pueden encontrar comida, con un gasto mínimo de energía. Se bajan del pepino de mar para comer y vuelven a subirse en él para “viajar de aventón” a la siguiente parada. El camarón imperial también viaja sobre nudibranquios del género Dendrodoris, que aunque son lentos, ayudan al camarón por sus secreciones químicas tóxicas y su coloración de advertencia. Aunque está clasificada como una relación comensalista, es posible que el camarón imperial ayude al nudibranquio quitándole los parásitos.


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Un raro ejemplo de comensalismo ocurre entre el pez perla y una especie de pepino de mar. El pez perla pasa el día dentro del tracto intestinal del pepino de mar, y por la noche sale, usando el ano del pepino de mar como salida, a alimentarse de pequeños crustáceos., De esta manera obtiene un lugar seguro para vivir, y aunque el pepino de mar no parece obtener ningún beneficio de esta relación, tampoco resulta perjudicado.


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Parasitismo:
En una relación parasitaria, la especie anfitrión siempre es explotada en algún grado, aunque de tal modo que su salud se deteriora lentamente. Esto permite que el parásito explote a su anfitrión durante un largo período de tiempo. Muchos parásitos solamente pasan una parte de su vida en este tipo de relación, para reproducirse o en su etapa inicial de desarrollo.

Los parásitos pueden dividirse en dos categorías básicas: Ectoparásitos y Endoparásitos. La primera refiriéndose a los parásitos externos y la segunda a los parásitos internos.

Los parásitos externos marinos generalmente son crustáceos del orden “Isopoda” o “Copepoda” y a menudo pueden notarse a simple vista. Aunque la parasitación para muchos es un concepto no muy agradable que digamos, la adaptación de los parásitos es bastante asombrosa, siendo objetivos. Los isópodos por ejemplo, poseen un cuerpo aplanado para adherirse al cuerpo del anfitrión, órganos complejos para adherirse firmemente a él y un par de mandíbulas bien afiladas.


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Una interesante adaptación de los isópodos es su habilidad para mudar únicamente la mitad de su exoesqueleto, mientras que los demás crustáceos mudan todo su exoesqueleto. Esto significa no perder la sujeción a su presa mientras se endurece su exoesqueleto. Aunque los isópodos generalmente son parásitos, hay algunas especies que se adhieren a los peces sin dañar sus tejidos, y capturan partículas de comida que flotan, más que alimentarse de su anfitrión.

Mutualismo:
El mutualismo es una de las relaciones simbióticas más interesantes, porque ambas especies involucradas se benefician.
Un caso poco común de mutualismo es el del cangrejo boxeador, Lybia tessellata, el cual coloca dos pequeñas anémonas sobre sus quelas (pinzas, tenazas). Cuando un depredador se le aproxima, agita las anémonas para disuadirlo. Las anémonas se benefician de las partículas de comida que el cangrejo deja caer mientras se alimenta.


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Otro tipo de relación simbionte es “la limpieza simbiótica”, una forma de relación mutualista común en todos los mares del mundo: Los gobios, los labroides y los camarones están entre las especies limpiadoras de peces más comunes.


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El pez que recibe la limpieza a menudo es llamado “pez cliente” y los sitios a los que acude a ser limpiado son llamados “estaciones de limpieza”. En los mares tropicales estas zonas son fácilmente reconocibles por las largas filas de “clientes” esperando su turno y los atareados organismos limpiadores.

El color y las marcas corporales son muy importantes para reconocer a las especies limpiadoras. Para los peces una raya horizontal es una “señal de limpieza” y le otorga al poseedor de esta señal inmunidad contra la depredación, permitiéndole entrar incluso a la boca y las agallas de los grandes y carnívoros “clientes”.


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En algunos casos, especialmente en muchos de los labridos, solamente los juveniles de algunas especies son limpiadores, al madurar  el pez prefiere una dieta a base de invertebrados más grandes. Curiosamente, algunos peces y camarones limpiadores incluso atienden a “clientes” humanos.


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Aparte de parásitos, los limpiadores también remueven piel, tejidos y mucosidades muertos y al hacer esto, desempeñan una valiosa función al mantener la salud de los seres que habitan el mar y recurren a sus servicios. De hecho la mayoría de los peces del arrecife pasan una significativa parte del día en las estaciones de limpieza. A menudo los “peces clientes” cambian de color, lo que se cree es para indicar que necesitan limpieza o para que destaquen más los parásitos en su cuerpo.

El camarón ermitaño Dardanusm pedunculatus es otra creatura que mantiene una curiosa relación con pequeñas anémonas de mar. Se adhiere varias anémonas a su concha para camuflarse y protegerse de sus posibles depredadores. La anémona recibe a cambio una “casa móvil” permitiéndole obtener más alimento que si permaneciera fija en una misma ubicación.


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Mimetismo:
Podría pensarse que el mutualismo es una de las formas más “desarrolladas” de simbiosis dado que es recíprocamente beneficioso, pero existe otra categoría de relaciones simbióticas que es menos “directa” que aquellas que se explicaron anteriormente. El mimetismo es una forma de simbiosis donde una especie imitará los colores, diseños e incluso el comportamiento de otra especia por una o varias razones. Para poderse acercarse a presas sin que sospechen o, en el caso de especies inofensivas, para protegerse imitando a un depredador o a una especie venenosa. Estas variaciones se conocen como “mimetismo agresivo” y “mimetismo batesiano”.

La inofensiva morena arlequín Myrichthys colubrinus imita a la extremadamente venenosa serpiente de bandas marina, Laticauda colubrina, que posee una coloración blanca y negra de advertencia. De este modo, los depredadores que de otro modo la considerarían presa, generalmente la evitan.


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Uno de los ejemplos más interesantes de especies imitadoras es el del pulpo Thaumoctopus mimicus. Este maravilloso cefalópodo adopta la forma de diferentes animales estirando, juntando o contrayendo sus tentáculos para imitar desde una manta raya, un pez escorpión e incluso a una serpiente de mar. Puede ser que esta especie emplee el mimetismo como medio de defensa o como medio de depredación, lo que lo hace un imitador batesiano y agresivo.


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Estos son dos ejemplos de animales que imitan a otros animales. Sin embargo, cuando un organismo imita su entorno, como un pez escorpión se disimula perfectamente entre los detritos del fondo del mar, o un caballito de mar se disimula a la perfección entre los sargazos… Esto se vuelve camuflaje, un tema completamente nuevo y diferente.

La naturaleza tiene la manera de maximizar el uso del medio ambiente y de que cada nicho ecológico existente sea ocupado, pero sin que haya ninguna coincidencia insostenible. Hay muchas especies que compiten en un mismo micro ambiente, pero cuando cada una puede existir en “armonía” con las demás, se alcanza un balance sostenible. La simbiosis es un ejemplo excelente de este paradigma, viviendo al lado, sobre e incluso dentro de otros organismos, cada beneficio potencial es obtenido de los recursos disponibles en una forma sustentable. No importa que la relación sea parasitaria, mutualista o comensalista, esto es una demostración de la habilidad que tiene la naturaleza para alcanzar la eficiencia y el equilibrio... Algo que sería excelente los humanos imitáramos.


Fuentes del artículo:
Reef fish behaviour de Deloach N
Indo Pacific Coral Reef guide de Allen GR y Steene R.
Crustacea guide of the world de Debelius H
Un artículo de Dave Abbott.

Colaboración de:
Jessica Romero Saldivar (AtOmIcFaRt)